Friday, August 14, 2015

La increíble historia de Carlos Casalla, el historietista que es récord mundial

“EL CABO SAVINO” NACIO EN LA RAZON Y HOY SE PUBLICA EN EL DIARIO RIO NEGROCon 87 años se convirtió en el autor de la tira más longeva de todos los tiempos. Aparece desde 1954.

  • Claudio Andrade
Un par de horas atrás, una llamada telefónica desde Buenos Aires le anunció a Carlos “Chingolo” Casalla que marcó un récord mundial . Según su interlocutor, un representante de la Universidad de San Martín Casalla, el legendario historietista argentino radicado en Bariloche, es la persona que permaneció más tiempo haciendo la misma historietaen la historia del género. Se trata de El cabo Savino , que nació en 1954 en el diario La Razón y ya lleva casi seis décadas ininterrumpidas de galopes a caballo, peleas con cuchillos y malones indios.
No es ninguna broma. La llamada además le solicita su presencia los primeros días de julio para recibir un homenaje en la Universidad de San Martín en Buenos Aires. Casalla lo agradece, pero declina la propuesta. “ Estoy muy ocupado, y muy grande , pero me alegra y me sorprende el homenaje y el dato, no tenía ni idea”, le cuenta aClarín . Mientras conversa las puntas de sus dedos manchados de tinta sostienen una estilográfica con la cual va bosquejando los diálogos de su personaje mestizo, nacido ficcionalmente en Caballito, cuando aquel barrio porteño “era puro campo”.
El creador de Savino y dibujante de Alamo Jim , El Cosaco yPerdido Joe , entre muchos otros, tiene hoy 87 años y continúa trabajando con excepcional vitalidad . Lo de excepcional no es una figura: Casalla dibuja y publica diariamente las historias de su personaje en las páginas del diario Río Negro y, una o dos veces por semana, toca jazz con sus hijos, sobrinos y amigos en distintos reductos de la ciudad.
A fines de los ‘60, en uno de los momentos más altos de la edad de oro de la historieta argentina, Casalla y un grupo de compañeros del rubro como Octavio Moraga y Jorge Pérez Castillo alquilaron dos casas en Villa Gesell. En una reunieron a las familias (“¡Hasta suegras!”, recuerda) y en la otra ellos, los jóvenes y exitosos dibujantes. “Eran dos meses de vacaciones para la familia pero nosotros laburábamos todo el día porque teníamos cosas que entregar. Cuando terminábamos, metíamos los cartones en un sobre y los mandábamos por correo. Una lástima porque jamás conservé un original y cuando la editorial Columba cerró, todo eso se perdió . Hoy veo en Internet un cartel que dice ‘Vendo original de Savino’ y digo ‘che, ¡eso es mío!’”.
Casalla se formó en la Academia Nacional de Bellas Artes y aprendió el oficio de historietista del entrañable José Luis Salinas. Pero antes, como alumno recién egresado, puso los ojos en la publicidad para ganar unos pesos. Era mediados de los ‘40. “Entonces no se hacían fotos; había que dibujar todo: autos, heladeras, nenes jugando ”.
Hacer historietas, tal como se entiende hoy, no figuraba en ningún libro de aquellos años. “En los diarios se publicaban tiras históricas, no de personajes originales. Se representaban libros como Los tres mosqueteros . Pero historieta no, eso lo teníamos que aprender solos”, recuerda.
Casalla comenzó tímidamente a “meter” historietas con su sello en diarios como La Razón y Crítica , apenas para hacerse un lugar en el ambiente. “Nos pagaban por cuadro publicado, había plata si la historieta iba bien y se publicaban muchos cuadros”. Cuando comenzó a participar de las publicaciones de la célebre Columba llevaba unos 10 años en el ambiente del dibujo profesional. “Con el dinero que me pagaban dibujando me hice dos casas en Bariloche sin préstamos, imaginate. Yo siempre quise ser libre, la historieta me dio una libertad esclava pero que me permitió venir acá en el ‘62 y no tener jefes arriba mío ”, explica.
El historietista no consumió por completo al músico.
En los ‘50 y principios de los ‘60, mientras dibujaba, también participaba de la escena jazzística porteña y tocaba en jam sessions con nombres del tamaño de Lalo Schifrin, Enrique Villegas, Baby López Furst y Jorge Navarro. En 1996, un amigo con mucho dinero, admirador de Savino, lo invitó a ir con él a EE.UU. a visitar los más exclusivos escenarios jazzísticos. Se les unió otro jazzero de ley, Walter Malosetti. “Estuvimos casi un mes viajando entre Nueva York, Chicago y Nueva Orleans , escuchando increíbles conciertos y parando en hoteles cinco estrellas. Un día viene Walter y me dice: ‘Che, Carlos, ¿viste que existían los Reyes Magos?’” Y cuando cierra la anécdota Casalla ríe, con su risa amplia que es también un clásico de la cordillera. Es el mismo hombre que participó en el equipo de Spilimbergo que pintó la cúpula de las Galerías Pacífico . El mismo que comparte su hogar con Carlota, su esposa escritora. El tío de Javier Casalla, el virtuoso violinista de Bajo Fondo Tango Club; el padre de Carlos, reconocido percusionista. El que dibujó en los ‘40 al Martín Fierro para una revista militar cuyo director, un mayor del Ejército, quería que se omitiera que el personaje era un desertor.
Muchas vidas, muchas historias , nacidas de una misma mano.

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